Libros que vuelan/Books that fly

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Libros que vuelan y libros que desean volar. No voy a ninguna parte sin un libro, aunque sea “por si acaso”, por si tengo que refugiarme en los ratos huecos.

Preferentemente me gustan los libros bellos, de tapa dura e ilustraciones bonitas, los libros de carne y hueso, los que se pueden oler y tocar. Una biblioteca de libros raros, extravagantes y  únicos sería el sueño de mi yo más sedentario.

Pero claro, el yo nómada no se puede llevar a cuestas su colección imaginaria de libros bellos , ya sea por restricciones de peso, falta de espacio o limitaciones del presupuesto. Y no, todavía no me aficioné a los libros electrónicos y a leer en una pantalla, aunque lo hice en varias ocasiones en mi diminuto iPod con la faz ya bien dañada, cuando no había otra cosa. Y no me acostumbro.

En algunas partes es tan difícil como extraño encontrar cualquier tipo de lectura (al menos en alguno de mis idiomas comprensibles) y a veces vas semanas con los dos o tres libros que ya has leído, -o releído, sin poder intercambiarlos. Y cuando te ven leer un libro, te preguntan si es la Biblia. Ahora que ya no puedo escoger los libros que quiero leer, me gustan todos los libros, o casi. Aunque sea tan solo por la novedad de manipularlos y hojearlos.

¡Y que no falten los libros en este viaje!

Esos acompañantes silenciosos que llevas en algún lugar de las alforjas impregnados de una fragancia bien conocida y de un halo de misterio por desvelar. Libros que han sido encontrados, intercambiados, regalados, prestados, apretujados, afectuosamente manipulados, erosionados y amados hasta no querer dejarlos volar.

Libros que lees a ratos y a cachos, tumbada en una ladera, por las noches acurrucada en la tienda o a la luz de una vela en una cama extranjera. O durante los ratos de espera, tomando un chai, interrumpida por  una mirada de fuera. Bajo la sombra de un árbol escapando del calor sofocante o cobijándote de la lluvia en un refugio de carretera.

Hay libros que lees de un tirón absorta en la trama de las palabras en acción. Y hay libros que nunca acabas porque te pierdes en el guión y personajes que olvidas en el fondo de un cajón. Libros que se quedan en la estantería y los que te llevas para hacerte compañía.

De tapa dura o de tapa blanda, nuevos, semi-nuevos, o ya muy viejos, con la huella de un pasado turbulento. De historia o de geografía, autobiografía o narración, de filosofía o de religión, de ensayos, de aventura o de literatura, mitos y cuentos de ciencia ficción, novelas de suspense, de malos y buenos, de poesía, de prosa y géneros sin distinción.

Hay libros que nunca llegas a empezar.

Y hay libros que nunca desearías terminar.

Libros que dibujas con la cara oculta de las yemas

te susurran sus canciones envueltas en quimeras

libros que te cuentan su historia en la soledad del papel

mientras sus versos en blanco y negro te erizan la piel.

Sus palabras hambrientas de luz de luna

se cuelan por las rejillas de tu imaginación

disfrazadas en actores de tinta y pluma

caminando hacia  su resurrección.

Libros que vuelan con alas de seda

hacia la fantasía de otro lector

en el idioma de Cervantes, de Shakespeare o Rimbaud

los sonidos te llevan a un pequeñito rincón

de exquisito chocolate negro de almendras y sabor a evasión.

Éstos son algunos de los libros que han volado hacia mí últimamente.

Full Tiltque encontré en una librería de segunda mano en Islamabad, relata el viaje de Dervla Murphy, una irlandesa que emprende un viaje en bicicleta en 1963, cuando nadie sabía lo que era el ciclo turismo todavía, desde Dunkerque en Francia hasta Delhi. Es la primera mujer en cruzar el Babusar Top (en Pakistán) en bici. El libro está dedicado a las gentes de Afghanistán y Pakistán que narra con un cariño especial.

Otro de Dervla Murphy, Where the Indus is young, regalado por un amigo pakistaní. Dervla Murphy vuelve a Pakistán diez años más tarde en 1974, compra un poni y camina con su hija de seis años por los Karakoram en la apartada región de Baltistán en pleno invierno. Entre su Baltistán y el mío, cincuenta años más tarde, el estilo de vida de los Balti parece que no ha cambiado tanto.

Turkestan Solo, de Ella Maillart, una suiza que relata sus andanzas entre Moscú y el Turkestán ruso en 1932. Lo encontré también en una librería de segunda mano.

El otro día en la biblioteca de la Alliance Française, mis ojos fueron a parar en un librito de Alexandra David-Neel, otra gran viajera cuyos relatos andaba buscando hace ya algún tiempo, y me leí Le sortilège du mystère (El sortilegio del misterio) de un tirón. Alexandra David-Neel fué la primera mujer en explorar el Tíbet y entró en Lhasa en 1924 disfrazada de mendiga cuando estaba prohibido  para los extranjeros.

El libro que estoy leyendo ahora, Dark Star Safari, de Paul Theroux, lo encontré en la sección de libros defectuosos en la Feria del libro en Karachi por menos de 2 Euros.

Y mi próxima lectura, un tocho que me han prestado, The Silk Roads, de Peter Frankopan.

¿Y tú? ¿Qué libros están levitando por el laboratorio de tu imaginación?

Books that fly

Books that fly and books that want to fly. Anywhere I go, I usually carry a book, just in case, whenever I need to take refuge during the spare times.

Preferably, I like beautiful books, hard covered and with fine illustrations, books in flesh and bone that give off some particular smell and can be touched. A full library of rare, extravagant and unique books would be probably the dream of my sedentary self.

But the nomad self cannot certainly carry her imaginary collection of beautiful books, either because of the weight restrictions, lack of space or budget limitations. And no, I haven´t yet grown that fond of e-books and of reading on a screen, even though I did read a few books that were available in my tiny and screen cracked iPod, when there was nothing else. But I could not get used to it.

In some parts, it is as difficult as strange finding some kind of reading material (at least in one my understandable languages) and sometimes you spend weeks with the same couple of books you have read, -or re-read. And when you are seen with a book in your hands, people may ask you whether you are reading the Bible. Now that I no longer chose the books I want to read, I like all the books, well, almost. If only for the novelty of manipulating them and leafing through.

And books cannot lack in this journey!

They are the silent companions that lie in some corner of your panniers soaked in a perfume already well known and an air of mystery to be unveiled. Books that have been found, exchanged, gifted, lent, squeezed, affectionately manipulated, eroded and loved to the point of not letting them go.

Books you read bits at a time, lying down on a foothill, at night all curled up inside your tent or by candle-night in a foreign bed. Or during the times of waiting, drinking a chai and being approached by a stranger. Under the shade of a tree on a suffocating day or while taking refuge from the rain on the road side.

There are books you read in a breath, absorbed in the plot of the words in action. And there are books that you never finish because you get lost in the script and the characters will be left forgotten at the bottom of a bottle. Books that remain on the bookshelves and those that you take to keep you company.

Hardcover or paperback, new, semi-new or very old, displaying the traces of a turbulent past. About history or geography, autobiography or narrative, about philosophy or religion, essays, adventure or literature, myths or science fiction, novels with suspense, featuring the bad ones and the good ones, poetry, prose and all genres without distinction.

There are books that you never start.

And there are books you would never like to finish.

Books you trace with the delicacy on your fingers

eerie dreams encompass their songs and whispers

books that tell you a story in the solitude of the paper blank

while its verses in black and white make your hair on end stand

The words are in hunger for the moonlight

they slip through the walls of  your imagination

actors of sink and pen in disguise

on the way to their resurrection.

Winged books in silken feathers

fly to another fantasy weather

in the language of Rimbaud, Cervantes or Shakespeare,

in the sounds, a secret refuge you will find

it has the fineness of dark chocolate

and the taste of escape in your mind.

These are some of the books that have flown to me recently.

I have found Full Tilt in one of the many second-hand bookstores in Islamabad. An account of Dervla Murphy´s bicycle journey in 1963, when no one had heard of cycle tourism yet, from Dunkirk to Delhi. She was the first woman to cross the Babusar Top in Pakistan on a bicycle. The book is dedicated to the peoples of Afghanistan and Pakistan that she describes with much affection.

Another book by Dervla Murphy, Where the Indus is young, gifted to me by a Pakistani friend. Dervla  Murphy returns to Pakistan ten years later in 1974, buys a pony and walks with her 6-year-old daughter across the Karakoram in the remote Baltistan in the middle of winter. Between her Baltistan and mine, 50 years later, it seems that the Balti lifestyle has not changed that much.

Turkestan Solo, by Ella Maillart, a Swiss traveler. She relates her adventures between Moscow and the Russian Turkestan in 1932.

The other day in the library of the Alliance Française, my eyes fell upon a small volume by Alexandra David-Neel, another great traveler whose books I was hoping to come across, and I read in one breath Le sortilege du mystère. Alexandra David-Neel was the first woman in exploring Tibet and she entered Lhasa in 1924 dressed as a beggar when it was prohibited to foreigners.

The book that I am currently reading, Dark Star Safari,  a Paul Theroux book that I found in the section of defective and discounted books at the Karachi Book Fair for less than 2 Euros.

And my next reading, a thick volume that I was lent, The Silk Roads, by Peter Frankopan.

How about you? What books are floating in the lab of your imagination?


Week 5: Falling or levitation photography

This is a series of pictures which are part of my Reframe your world challenge. The past week challenge: falling or levitation.  An opportunity to try some compositing and masking during the post-processing to make the subject-object float.

Semana 5: Caída o levitación

Serie de fotos dentro del proyecto Encuadra tu mundo. El reto de la semana pasada: caída o levitación. Una oportunidad para crear imágenes compuestas y usar máscaras durante la fase de post-proceso y hacer que el sujeto/objeto aparezca flotando.


Update (10/04/2017): After a long break from the saddle, I am now back on the road. I won’t be able to post weekly here, so I’ll post the 52Frames photos on my Instagram Page (you ‘ll find the link on the main page of the blog).

Actualización (10/04/2017): Después de una larga interrupción y descanso de la bici, estoy de nuevo en los caminos del mundo! Me es más difícil publicar aquí con un ritmo semanal, así que colgaré las fotos de 52Frames en la página de Instagram (el enlace está en la página principal del blog).

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