Un poco de flashback/A little bit of flashback

Os habréis dado cuenta que obedecer a las exigencias de lo instantáneo, donde el viaje es contado casi en simultáneo, se me da bastante mal. Incluso mantener una disciplina de publicación periódica en este espacio no me funciona. No sólo debido a la falta de conexión por los lugares donde me muevo, sino que muchas veces  siento que lo que el viaje exige, en su forma bruta y sin ediciones,  es justamente eso: desconectar del exceso digital. Y parece que nado siempre entre dos aguas, intentando decidir lo mucho o poco que puedo (en el sentido de habilidad para hacerlo) – o quiero –  contar, en vez de simplemente experimentarlo.

You have probably noticed that I am quite bad at obeying to the demands of the instant, where the journey is told almost simultaneously as it is happening. Being constant and posting regularly here does definitely not work for me. Not only because of the lack of connectivity in the places where I sometimes am but also because I feel like what the raw journey, without edits, needs is exactly this: disconnecting from the digital excess. And I always feel I am sitting on a fence, trying to decide how much or how little I can (in the sense of having the ability to do it)- or want to – document the journey, instead of just experimenting it.

El otro día recibí un maravilloso regalo de palabras de una amistad que conocí en el camino el año pasado mientras pedaleaba por el Ladakh, en el noroeste de la India. Después de una ruta corta, él ahora ya está de vuelta en su dimensión espacio-temporal, su rutina laboral y sus comodidades. Tiene un envidiable talento a la hora de manejarse con las palabras y a veces me llegan largos emails, tan filósoficos como divertidos, que contienen la esencia de una prosa que voy saboreando a sorbitos, mientras intento desenredar las perlitas que en ella encuentro.

Traduzco del inglés:

En la vida existen temas fundamentales. Más allá de los temas fundamentales, cada individuo tiene una historia. Las historias que tienen un cero por ciento de hechos y un cien por cien de información puntual contienen algo de verdad, de la misma manera que una buena mentira contiene algún elemento de verdad. Un viajero volverá con muchas historias, y la verdad está ahí, en algún lado, aunque quede sin expresar.

The other day I received a wonderful gift of words from a friend I made last year while cycling in Ladakh, in the northwest of India. He was on a short trip and he is now back home, in his space and time, his routine and comforts. He has an enviable way with words and at times I receive long emails, as philosophical as funny they can be, which contain the essence of a prose I absorb slowly, as if trying to disentangle the little gems I find in it. 

There are basic life themes. Beyond the basic themes, every individual has a story. Stories which have zero percent facts to one-hundred percent accurate information contain some grain of truth, just as a good lie contains some element of truth. A traveler will come back with many stories, and the truth is in there somewhere, even though it may not be articulated.

Yo vuelvo a mis entradas irregulares aquí en el blog y a la importante tarea de poner orden y capturar en palabras esa pizca de verdad, si es que hubiese alguna, que la memoria y el tiempo poco a poco irán desechando. Os he dejado cuando todavía estaba posada en un nidito en Pakistán, y me encontráis en el sureste de Kazajistán, con China de por medio. El tiempo ha pasado. Ha pasado bien, así que hoy toca hacer un poco de flashback.

So I return to my irregular entries here in the blog, where I find it important to put some order and capture in words those grains of truth, if any at all, that memory and time will eventually discard. Last time, you found me when I still was in a little nest of comforts in Pakistan, and now you find me in the southeast of Kazakhstan, with China in between. Time has passed. It has passed well, and it’s time for a little flashback.

El mes pasado/Last month

Después de una larga temporada en Karachi sin la bici,  me vuelvo a subir para continuar la ruta donde lo había dejado con la sensación de que el equipaje pesa mucho más que antes. Me pongo rumbo al norte de nuevo.  Con las últimas pedaladas me despido de Pakistán, de sus valles y montañas, y de sus gentes. Es evidente que el cuerpo se ha ablandado durante tanto tiempo parada, y se queja hasta el punto que la  bicicleta parece que me es ajena. Como que ya no me pertenece. Mi cuerpo no consigue acoplarse, no encuentro la posición cómoda. El sillín demasiado alto, bajo, inclinado hacia adelante, hacia atrás. Lo ajusto, lo vuelvo a ajustar.  Acabo los días con el cuello y los hombros rígidos. Y la muñeca se va recuperando lentamente de una caída, por lo que me deja con diminutas fuerzas en la mano derecha para cargar y manejarlo todo. Pequeños caprichos del cuerpo que me roban demasiado la atención.

After my long winter break in Karachi, I get on the saddle again with the weird feeling that everything feels much heavier than it used to. I head to the north again, and with the last pedal strokes, I bid farewell to Pakistan, its valleys, its mountains, and its people. My body has lost its strength and vigor after such a long break, and it starts complaining. The bike feels a stranger to me. It is like it does not belong to me anymore. For days, and even weeks, we don’t seem to fit together and I struggle to find my comfortable position. The saddle is too high, too low, too slanted to the front, to the back. I adjust it, again and again. Every day I end up with stiff neck and shoulders. My sprained wrist is slowly recovering from a fall, and it leaves me with little power in my right hand to carry and handle all the load. Little whims of the body that rob too much of my attention, I guess.

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In the village of Zhood Khun with Zeb` s family. After I told her how much I liked the local bread, she instantly offered to make some to take on the road.

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Cycling back on the jeep road from Zhood Khun to Sost

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The Chapurson valley near the Afghan border can only trigger your imagination

La frontera del Khunjerab, la frontera internacional más alta del mundo a más de 4700 metros, es una franja de unos 200 kilómetros que atraviesa el Parque Nacional del Khunjerab. Entre el pueblo de Sost en Pakistán y Tashkorgan en el lado Chino se extiende una tierra de nadie que permanece cerrada al tráfico en invierno. Las autoridades chinas, con sus regulaciones estrictas y complejas, prohíben la circulación de los individuos de manera independiente y debo tomar un vehículo entre las dos localidades fronterizas que gestionan las formalidades administrativas.

The Khunjerab border, the highest international border above 4700m, is a strip of some 200km that crosses the Khunjerab National Park. Between the small village of Sost in Pakistan and the town of Tashkorgan on the Chinese side lays a no man´s land that remains closed to the traffic in winter. The intricacies of border crossing in China don´t allow travelers to cross individually and I have to take a vehicle between the two immigration towns that handle the administrative formalities. 

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I cycled the 75km from Sost to Khunjerab Pass, the border between China and Pakistan at 4700m, knowing that I would not be allowed to cycle onto the Chinese side. I had to cycle back to take a vehicle to Tashkurgan.

Los picos agudos de la cadena del Karakoram van dejando paso a las curvas más suaves de los Pamires y los días que paso en Tashkorgan me sirven para transicionar.  La hospitalidad pakistaní se extiende más allá de sus fronteras físicas y nada más llegar al hotel, ya bien entrada la noche, donde para el minibus y donde se paran muchos pakistaníes que hacen negocio en China, un grupo de lahorís –  de la ciudad de Lahore en el Punjab pakistaní – me ofrece una cama libre en una habitación compartida que ya han pagado. Cuando después de cenar regresamos al hotel, el recepcionista chino no tarda en mostrarme un mensaje en el móvil traducido del mandarín con una aplicación. Dice que la policía no me permite dormir en una habitación con hombres desconocidos.

The sharp peaks of the Karakoram are now behind and the smooth curves of the Pamir mountains come to sight. The days I spend in Tashkorgan help me to make the transition. It helps that the Pakistani hospitality goes beyond the territorial borders, and when I reach the hotel late at night where the minibus stops, and where the Pakistanis who make business with China stay, a group of Lahoris – from the city of Lahore in the Pakistani Punjab – offers me a free bed in a shared room they already paid for. They invite me for dinner and when we go back to the hotel, it does not take too long before the Chinese receptionist comes to me showing me on his mobile phone a funny translation in English of a message that says the police does not allow a foreign female to sleep in the same room as strange men.

Lo curioso es que yo en ese momento me siento más en casa con los pakistaníes “desconocidos” que en el nuevo ambiente en el que acabo de aterrizar. Uno de los chicos rápidamente se ofrece y libera su habitación individual para mi uso y se va con sus otros dos compañeros a la habitación compartida. El recepcionista,  ya con la seguridad de que dormiré sola en una habitación, se queda tranquilo. Mientras tanto, yo sigo asombrándome con el alcance de la generosidad del pueblo pakistaní, una generosidad que pude experimentar cada día en los más de nueve meses que estuve en el país. Para mí, la abundancia de hospitalidad tendrá siempre el eco de Pakistán.

The funny thing is that at that moment I feel more at home with the group of “strange” Pakistanis, that in the new and incomprehensible environment I have just landed. One of them quickly, and without hesitation, offers to free his bedroom and moves into the shared bedroom so that I have the room all to myself. The receptionist has now the guarantee that I will be alone in the room and all is solved. In the meantime, I keep being amazed by the extent of the generosity of the Pakistani people, an hospitality  I have experienced every day in more than nine months in the country. For me, the abundance in hospitality will always have echoes of Pakistan.

En mis días de transición ayuda también a que me encuentro con SK, un Malasio residente en Singapur. Es dueño de un albergue donde paran muchos cicloviajeros y donde hace más de dos años hice lindos encuentros con los que todavía sigo en contacto.  Durante todo este tiempo en la carretera, cualquier duda sobre bicis, mecánica, arreglos, recambios, visados, rutas o fronteras, ahí está SK al pie del cañón para resolver mis desafíos técnicos. ¡Y es que se las sabe todas! SK me trae recambios para la bici que pronto habrá que cambiar y llega con Alex, un Malasio que salió de Portugal en dirección a Malasia hace cosa de un año. Juntos recorrerán el tramo de la Karakoram Highway hasta Islamabad, un recorrido que SK ya ha transitado en bici hace doce años durante su viaje de larga distancia desde Noruega a Singapur. Y así, en menos de 24 horas, en un estallido de palabras, con los ojos en trance, las orejas bien atentas, entre el espacio de una cena y un desayuno – con un terremoto de por medio que nos obligó a evacuar el edifio a las cuatro de la madrugada – intentamos rellenar el hueco que va creando la distancia, pero no tanto el tiempo.

In those days of transition, it also helps I meet with SK, a Malaysian resident in Singapore. He owns and runs a hostel where many cyclists stop, and where two years ago I met great people I am still in touch with. All this time on the road, any question regarding bikes, mechanics, repairs, bike parts, visas, routes or borders, there he is, SK, he knows everything! SK brings me some bike parts that will soon need to be replaced. He has joined Alex in Kashgar, a Malaysian that started cycling in Portugal over a year ago, to cycle the Karakoram Highway to Islamabad, a stretch that SK cycled twelve years ago in his long-distance journey from Norway to Singapore. And like this, in less than 24 hours together, in an explosion of words, with entranced eyes, and attentive ears, in the space of a dinner and a breakfast – with an earthquake in between that forced us to evacuate the building at 4 am- we tried to fill in the gap enlarged by distance, but not so much by time.

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In Tashkorgan, after a short encounter, Sk ready to leave to Pakistan.

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Alex and Chen, a Chinese cyclist heading for Pakistan.

Tras una semana en Kashgar, donde descubro otra vez el placer de caminar y merodear por las calles sin al agobio del ruido, el caos y las miradas intrusivas, cruzar la provincia de Xinjiang hasta la frontera de Kazajistán ha sido un poco como mi particular operación desierto. Estaba tan acostumbrada a las carreteras serpenteantes, los altos puertos y las curvas en horquilla que la línea recta,  el paisaje seco y llano del desierto del Taklamakan me ponen a prueba. Los vientos en contra me ralentizan tanto que hasta se me pasa por la cabeza dar media vuelta, tan sólo con el fin de ir con los vientos a favor. Pero por supuesto, no doy media vuelta. Tengo unas fechas en el visado que más me vale respetar, y necesito llegar a la frontera de Kazajistán.

After a whole week in Kashgar, where I discover again how pleasant it is to walk and stroll in the streets without being overwhelmed by the excessive noise, chaos, and stares,  crossing the Xinjiang province to the Kazakh border has been like my little operation in the desert. I was so used to the winding roads, high passes, the hairpin turns, that the straight line and the flat and dull landscape of the Taklamakan desert put me to test.  Every other day, the strong headwinds slow me down so much that it even crosses my mind to turn back, just so that I could feel the tailwinds instead. But of course, I don´t turn back. I have a deadline on my visa and time is running out.

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I have been fueling on the local bread from the wood-fueled ovens. Kashgar

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At the Animal Sunday Market in Kashgar

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Uyghur man watching his fat-tailed sheep at the Kashgar Animal Market

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Uyghur man at the Animal Market

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The animals are regrouped in different sections. Horses are tried on before starting the negotiations.

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Performing the art of pulling the dough to make the laghman noodles.

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While cycling across the Taklamakam desert, water becomes my most important concern. 

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At dusk I was easy to just pull off the road and find a spot out of sight.

En Xinjiang, el gobierno de Beijing intenta a toda costa mantener una mano firme sobre la China musulmana y está librando su particular guerra en contra del terrorismo con un gran dispositivo de refuerzo. El despliegue policial y militar aquí roza la paranoia. Ni siquiera en Pakistán había visto medidas de seguridad – que paradójicamente crean más inseguridad y desconfianza, creo yo – tan rigurosas.

In Xinjiang, the Beijing government is putting all the efforts together to keep a firm hand on the Muslim China and has been fighting its own particular war on terror reinforcing the province with strong security measures. The police and military deployment are near the limits of paranoia. Not even in Pakistan I had seen so tough security measures – that paradoxically create even more insecurity and mistrust, I believe.

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The Id Kah Mosque in Kashgar

Las gasolineras están valladas, solo puede entrar el conductor tras inspección del vehículo. Hay cámaras de vigilancia en todas partes, incluso en el medio de la nada, y puestos de policía cada 200 metros en las ciudades. Los controles de seguridad te recuerdan a los puestos de control en los aeropuertos, máquinas de inspección en edificios e incluso en mercados al aire libre – hasta los comerciantes de pequeñas tiendas de alimentos me han pasado el detector manual de metales – y grupos de guardias de seguridad en puntos estratégicos equipados con toda la parafernalia: cascos, chalecos antibalas, pistolas, escudos protectores y lanzas. ¡Vaya imagen del soldado moderno! Ante la emergencia de un estado policial tan perfecto tomando el terrorismo como excusa para acallar la identidad uyghur, una se podría cuestionar las verdaderas intenciones detrás de un programa de rápido desarrollo y grandes inversiones en la provincia más grande de China, abundante en petróleo y recursos minerales. Y es que China es el colonizador de recursos naturales.

Gas stations are fenced, and only the driver is allowed to go inside after the vehicle has been inspected. Surveillance cameras are everywhere, even in the middle of nowhere, and police stations are mushrooming every 200 meters in towns and cities. The control checkpoints remind you the control procedures at the airport, inspection machines to access buildings and even open-air markets – I was even inspected by the shopkeepers with the manual metal detector in some tiny grocery stores in oasis towns in the desert – and groups of security guards posted at strategic points equipped with all the paraphernalia: helmets, anti-bullet vests, guns, protective shields and spears. What an image of the modern soldier! In the face of this emerging and perfect policial state, that uses terrorism as an excuse to crush the local identity, one could easily question the real intentions behind a program of fast development and huge investments in the biggest province in China, largely abundant in petrol and mineral resources. China is indeed a colonizer of natural resources!

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A common sight in Kashgar where police staff is posted in groups of two or three at every corner.

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Shopkeepers performing a drill in the use of the spear weapon they to keep in their shops.

Yo, de un modo invisible y silencioso, me rebelo ante esa China rígida y opresora. Para empezar, decido que las tres horas de diferencia entre Pakistán y Xinjiang – que tiene el mismo horario que Bejiing a pesar de los 4000 km de distancia – es poco natural cuando cruzas una frontera por tierra y me rijo por el horario no oficial de Xinjiang, dos horas por detrás de Beijing y una hora por delante de Pakistán, ya que no dependo de horarios de transporte ni de horarios oficiales.

For my part, in my quiet and silent way, I rebel against this rigid and oppressive China. I decide that the three hours difference between Pakistan and Xinjiang – that follows the same time zone as Bejing in spite of being 4000km apart – is not natural when you cross overland, and I set myself to the unofficial time of Xinjiang which runs two hours behind Beijing and only one hour ahead of Pakistan, as I don´t rely on transport or official timetables.

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Kashgar is an oasis town west of the Taklamakan desert and at the foot of the Tian Shan range. It was an important town along the Silk Road and still now it is at a crossroads of the trade routes from the North, West, from Tajikistan and Kyrgyzstan.

En lugar de aprender el chino mandarín, me armo con un lenguaje básico en uyghur. Al fin y al cabo, la población uyghur es con la que interactúo más a menudo. En el carácter uyghur todavía encuentro el interés y curiosidad por el extranjero, la amabilidad y los gestos generosos, a pesar de que su natural hospitalidad está mermada debido a las advertencias de las autoridades que se empeñan en minimizar el contacto entre extranjeros y locales.

Instead of learning Chinese Mandarin, I build my language survival kit with basic constructions in Uyghur language.  My interactions are mostly with the Uyghurs after all. In the Uyghur character, I still find the kindness and curiosity toward the foreign visitors, the gentleness, and generosity, even though their natural hospitality is being eroded by the authority warnings that persist in minimizing the contact between foreigners and locals.

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Local Uyghurs having a look at my magic paper with basic Uyghur language.

En uno de los muchos encuentros con la policía que tuve – hubo ocasiones en que se pasaron del simple control rutinario de pasaporte y no me dejaban irme  – me advierten de no interactuar con los locales. Por supuesto, los gestos diarios de la población uyghur no dan ninguna credibilidad al supuesto peligro de la hospitalidad local. Los uyghur son los que me rellenan las botellas con litros y litros de agua y té, no me cobran en los restaurantes cuando pido la cuenta y me llenan las bolsas de comida. Por otro lado, las motos y los mini-vehículos eléctricos resultan ser los terroristas silenciosos y una mayor amenaza a mi seguridad, cuando me adelantan silenciosos y apenas sin avisar, rozándome de cerca haciendo una maniobra inesperada.

During one of the many encounters with the police – there were a few times where it went way beyond the routine control and they would not let me go – I was warned to not interact with locals.  Of course, my daily interactions with the Uyghur people give no credibility to the supposed danger of the local hospitality. The Uyghur are the ones who would refill my bottles with liters and liters of water and tea, who would invite me for a meal in their restaurant or would refuse to charge me when I asked for the bill, and who would give me food for the way. On the other side, the electric scooters and vehicles that come in all shapes proved to be the silent terrorists and a much more direct threat to my security as they come silently from behind without you even notice and brush past in an unanticipated maneuver.

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These electric vehicles are everywhere in China.

Después del desierto entro en la cadena del Tian Shan y el escenario cambia rápidamente. En menos de 100 kilómetros paso de los llanos a las formaciones rocosas y enseguida a las montañas alpinas. Y de los colores marrones y ocres del desierto a los verdes resplandecientes de las praderas de Bayanbulak. El verde es tan verde e intenso que mis ojos apenas se lo creen. ¡Y el ruido del agua y de los arroyos me alegra tanto los oídos!

After the Taklamakan desert, I make my way across the Tian Shan mountains and the setting changes in no time. In less than 100 kilometers, the terrain turns from flat to rock formations and into alpine mountains, and from the brown and ochres colors of the desert into the green and blazing grasslands of Bayanbulak. The green is so intense that my eyes can hardly believe it, and the sound of the water streams is pure joy to my ears!

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The landscape becomes alpine. Climbing to the grasslands of Bayanbulak.

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As I get nearer the Kazakh border, I see the first yurts.

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Green, green, green!

Hace una semana/One week ago 

Hace una semana, hizo una semana que entré en Kazajistán. Es el noveno país más grande del mundo en territorio, pero con una población de tan sólo unos 17 millones de habitantes. Después de Karachi, la ciudad más poblada de Pakistán con más de 20 millones de habitantes – y la séptima más poblada del mundo – no es de extrañar que Kazajistán me sepa a libertad. Con su estepa extensa y sus cielos infinitos, nunca me falta espacio para encontrar un lugar para colocar la tienda. Y cuando al final del día veo que el cielo está tormentoso y que fuertes vientos acechan, intento buscar refugio en las granjas abandonadas que me encuentro entre pueblo y pueblo. Aquí no hay vallas, ni verjas, ni candados, ni barreras y el paisaje está abierto, esperando a acoger al viajero lento.

One week ago, it had been one week since I entered Kazakhstan. It is the 9th biggest country in the world in extension, but with a population of only 17 million. After Karachi, the most populated city in Pakistan with more than 20 million – ranked 7th most populous city in the world – it is no wonder that Kazakhstan has the taste of freedom. With its vast steppe and the infinite skies, I am never short of space to find a place to pitch my tent for the night. And when at the end of the day I see there may be a storm or strong winds, I find shelter in the abandoned farms between villages. There are no fences, no gates, no barriers, and the landscape is open, awaiting to welcome the slow traveler.

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In Kazakhstan, to escape from the heat, the trees are calling for a break under the shade.

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I get a break from the flat and dry steppe when I enter the Charyn Canyon.

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I have seen these bus stops everywhere and hardly any bus. Horses are to be seen everywhere here, even waiting for the bus!

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Sunset at Charyn Canyon

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I camped above the Canyon but it was so windy I put my tent inside a rest stop.

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Cycling towards Zhalanash

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From the village of Saty, the Kaindy lake is a 12km hike. It was created due to a landslide after an Earthquake in 1911 and the birch trees inside the lake make it an unusual sight.

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Hiking in the forest Kolsay lakes around Saty, near the Kyrgyz border.

Ayer/Yesterday

Ayer llegué al parque nacional de Altyn-Emel con una tormenta y lluvía de granizo que parecía que alguien me estaba lanzando pelotitas bien sólidas desde allá arriba, pues me punzaban con fuerza la piel a través de la ropa de lluvia. Detrás de la oficina del parque en el pueblo de Basshi, hay un pequeño jardín donde me dejaron instalar la tienda. La señora kazaja del albergue apenas se podía creer que llegué desde Japón en bicicleta y me convidó a la cena con un grupo de periodistas que pasaron algunos días documentando las vistas del parque.

Yesterday I arrived in the National Park Altyn-Emel when a heavy storm lashed with hailstones stinging my skin sharply through my rainwear as if someone was throwing at me tiny solid balls from above. Behind the park office, there is a small garden where I was allowed to pitch the tent. The Kazakh lady from the guest house could not believe I had cycled all the way from Japan and invited me for dinner with a group of journalists that came to document some of the park sights.

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Altyn-Emel National Park

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Desert lizard

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The singing dune is a unique phenomenon where the sand emits a roaring sound when the wind is passing or when walking over the sand.

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View of the Ili river, which flows from China, from the top of the singing dune.

Hoy/Today

Hemos recuperado el tiempo perdido y hemos llegado al presente. Hoy la señora me vuelve a invitar para el desayuno y me paso el día ocupada con tareas de “oficina”, contestando emails y actualizando el blog. Por la tarde aparece la chica del otro albergue del pueblo, al otro lado de la calle, donde se quedan los turistas extranjeros. Se llama Saltanat y viene con un guía que hace de intérprete. Alguien la debió de avisar que yo andaba por aquí. Hasta sabe mi nombre que pronuncia correctamente. Me invita a cenar y me ofrece usar la ducha.

We made it for lost time and we have reached the present. Today the lady from the guest house invites me again for breakfast, and I spend the day busy with “office” work, answering emails and updating the blog. In the afternoon, the lady from the other guest house across the road, where the foreign tourists stay, pops through the gate. Her name is Saltanat and she’s accompanied by one of the tour guides to interpret for her in English. Someone must have told her about me, she even knows my name that she pronounces correctly. She invites me for dinner in the guest house and offers me her shower facilities.

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With Saltanat at her guest house in Basshi


P.S. En el viaje editado, la semana pasada ya no es la semana pasada, ayer ya no es ayer y el presente ya es pasado. Saltanat me invitó no sólo a cenar, sino que también a comer y a desayunar todos los días que estuve por allí. Estoy acabando de traducir  y editar esta entrada en Almaty, la ciudad cultural de Kazajistán, donde me encuentro en estos momentos.  Almaty fue la capital de Kazajistán hasta 1997 cuando fue trasladada a la nueva ciudad de Astana construida en medio de la estepa kazaja desde cero. El ambiente y estilo de vida en Almaty es comparable a cualquier ciudad Europea, y me siento más lejos de aquí – Asia – y más cerca de allí – Europa.

P.S.  In the edited journey, last week is no longer last week, yesterday is no longer yesterday and the present is already past. Saltanat invited me for every meal during all the time I stayed in the Altyn-Emel park. I am now finishing translating and editing this post in the city of Almaty, the cultural city of Kazakhstan. It used to be the capital city before it was moved to the newly built Astana, in the north, in 1997. The atmosphere and lifestyle in Almaty are almost comparable to any European city, and I  already feel farther from here – Asia – and nearer to there – Europe.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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2 pensamientos en “Un poco de flashback/A little bit of flashback

  1. No había leído esta entrada, Rocío. Cuántas cosas aprendo leyéndote.¡Y además ahora no paro de pensar en cómo lo haces para obtener agua cuando viajas durante días “por la naturaleza”, sin encontrarte con establecimientos de ningún tipo! ¿¿¿Cuántos litros de agua puedes cargar contigo en la bici???

    • Mmmmm, pues depende de que ” naturaleza ” estemos hablando, supongo. Por ejemplo, en las montañas ( en altura) cojo agua de manantiales, si los hubiese, de ríos y arroyos, procurando que venga el agua de arriba a causa del pastoreo, incluso de lagos, no habiendo otra cosa. O veo donde los locales cogen el agua y me fio. Para cocinar no hay problemas. Para beber, como no llevo filtro ni pastillas purificantes, en caso de no estar segura, la tendría que hervir. Ahora en Kyrgyzstan he ido así y no he tenido problemas. En el desierto es diferente, porque tienes la garganta seca continuamente y con ganas de beber a seguido. Tuve que dosificar. Además, calculé mal y hubiese agradecido tener más agua. Para mi, 5 litros por ejemplo era muy justito entre pueblo y pueblo en el Taklamakan ( unos 100km)….Tambien depende de si cocinas o no, y de si quieres asearte, claro…pero la prioridad es beber, claro. Y si cuadra que hay vientos en contra, tardarás más en llegar y necesitarás beber más. Un vaso de leche me calmaba mucho la sed al final de dia antes de dormir. Y cuando llegaba a un pueblo, me podía tomar 1 litro de bebidas de yogur en menos de 30 segundos! Pero tambien me pasó, en los últimos años, de parar a coches para pedirles agua, porque a veces piensas que vas a encontrar agua en un tramo, y luego, no hay NADA. Hahaha

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